Locales : El viejo molino Victoria, mudo testigo del tiempo
on 2006/9/26 17:41:24 (387 reads)

“Centinela infranqueable, mudo testigo del tiempo”, comienza diciendo la frase que cierra la investigación realizada por Cecilia Colman, sobre “el viejo molino”, ubicado en el predio contiguo al Parque Artigas. El trabajo forma parte del programa curricular en el Instituto Profesores Artigas –del cual la joven es alumna- y pretende rescatar del olvido hechos, lugares y personajes.


La muestra “Recordarte” realizada en el Anexo del Palacio Legislativo, ofreció al público los creativos trabajos elaborados por los alumnos del curso de Seminario Taller 2006, del Instituto de Profesores Artigas.
Los trabajos invitan a transitar hacia nuestro pasado reciente, y no tanto. Los estudiantes investigaron sobre espacios a los que el olvido ha hecho desaparecer, personajes olvidados que los habitaron y merecen nuestro recuerdo. “Es una invitación a la nostalgia y a la memoria colectiva que reúne diversas formas de expresión”, indica la tarjeta que Cecilia Colman acercara a la redacción de HOY CANELONES.
La muestra diseñada con muy buen gusto, permite recordar, entre otros, el Conventillo Medio Mundo, la torre de Libertad, el Café Sorocabana, la Puerta de la Ciudadela y el pintor de niñas Cabrerita. Entre ellos, el Molino Victoria, recrea uno de los tantos lugares olvidados de Canelones.
La estudiante Colman, mediante un cartel y un libro muy creativo, cuenta la historia de este molino “y algunas de sus mil anécdotas”, como expresa al final de la obra.
En los inicios del libro, que se guarda como una reliquia en una caja de madera, se aportan datos geográficos de la capital departamental y fotos actuales de la ciudad. Posteriormente, con datos aportados por personas referentes de Canelones, expone que el Molino Victoria está ”situado en la zona suburbana, al este, sobre las márgenes mismas del arroyo Canelón Chico. Su construcción data de los primeros años del siglo pasado, su destino era ser Molino Harinero. Entonces se decía que Canelones era el granero del país y esta era una manera de explotar la producción. Constaba de dos plantas y en total ocupa algo más de media manzana”. Explica que seguramente, haber elegido esa ubicación tenía como finalidad “aprovechar el arroyo, ya que la maquinaria se movía por vapor”.
“Bien podría ser proclamado algo así como Monumento Histórico o postal documental de un Canelones de siempre. Lo conocí tal cual se conserva y no sería temerario adjudicarle edad centenaria, tal vez sean contadas, si es que las hay, edificaciones que lo superen en edad, acaso la Iglesia Parroquial, la Casa de Spikerman (hoy Museo Histórico) y punto”, dice Colman en su libro.

Leyendas y anécdotas

“Tal vez por sus propias características arquitectónicas se preste para ser tema para miles de leyendas”. Una de estas leyendas da el título al trabajo realizado por Cecilia Colman: “El Castillo de la Bruja Malaidea”.
Ventura Toja cuenta que en sus años de chiquilín acompañaba a los mayores a rastrillar los campos vecinos, en la tarea de juntar bostas, y para que no se acercaran al molino, “nos decían que era el Castillo de la Bruja Malaidea, que era capaz de convertirnos en cualquier cosa. La verdad era que no querían que nos acercáramos por la proximidad del arroyo que corría junto al molino, y que aunque en ese lugar era sólo un hilo de agua, tenía su peligro”.
En aquellos años la planta industrial era propiedad de la familia Storacce, y en sus predios pastaba un toro, de los mismos dueños. “De él se contaban historias, pero la verdad que no se recordaba que hubiera atacado a nadie”, recoge el libro.
El molino “un día cerró sus puertas y por algún tiempo la gente que allí se ganaba la vida se quedó sin su fuente de trabajo, hasta que lo compró la familia Caorsi alrededor de la década del 40. Eran industriales con experiencia en el ramo, ya que tenían otro en el departamento de Durazno y el viejo molino volvió a la vida”. Estos nuevos propietarios “un día como vinieron se fueron y la piedra dejó de moler. Algún tiempo después hubo un nuevo proyecto para reactivarlo pero no pasó de un intento. Muchas tardes, ya muchacho, fui al molino a retirar harina para la elaboración del pan en la panadería en que trabajaba y entonces tuve la oportunidad de conocer su manejo”, cuenta Toja a la estudiante.
“Parece fantasía pero en el pasado de cualquier molino siempre hay una tragedia que enluta su historia” –continúa el trabajo de investigación-. “Se cuenta que cuando se estaba construyendo la alta chimenea, que a diferencia de todas las chimeneas no es cilíndrica sino cuadrada, un obrero que estaba boleando ladrillos para los que estaban en los andamios, murió al recibir en la cabeza un ladrillo que su compañero no había podido retener. Mucho más acá en el tiempo, hace pocos años y cuando el viejo molino se había convertido en refugio para los sin techos, uno de estos, al pretender llegar a él, una noche en que el arroyo se había salido de su cauce, fue arrastrado por la correntada muriendo ahogado”.
Avanzando en la historia, la obra confirma que “los últimos dueños fueron de una firma de autoservicio con muchas sucursales tanto en Montevideo como en el interior, Manzanares. En estos últimos años pasó a manos de otra firma”.
Trasmitimos a través de este medio, el agradecimiento de Cecilia Colman a todos quienes aportaron información para su tarea.
Silvana Gómez

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