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La Página Literaria LA ESCALERA - Un beso a Natalia - |
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jueves, 19 de agosto de 2010 |
La Página Literaria LA ESCALERA - Un beso a Natalia -
Llegó veinte minutos antes de que partiese la carroza, con el tiempo suficiente para dar las condolencias a los familiares más allegados. Un amigo lo invitó para ir en su coche pero lo rechazó amablemente, prefiriendo acompañar el cuerpo en su moto recientemente adquirida; debía regresar sin pérdida de tiempo. Al partir se sorprendió, no esperaba un cortejo tan grande. En la puerta de la necrópolis aguardaba una numerosa concurrencia, posiblemente personas que se enteraron a último momento de la infausta noticia. Cuando arribaron los acompañantes del coche que cerraba la marcha, recién descendieron el féretro. De inmediato hermanos y vecinos asieron las manijas y avanzaron, cabizbajos, los ojos fijos en el suelo embaldosado. Se quedó atrás, cerrando la marcha de la larga y silenciosa comitiva que caminaba por el espacio angosto que quedaba entre dos filas de panteones, ya que habían tomado un camino secundario, hacia los nichos del Este. Su pensamiento giraba en torno al insólito y luctuoso suceso. “¿Por qué, por qué?” se preguntaba una y otra vez. Repasaba sus conocimientos sobre la familia. El marido tenía un buen trabajo en una repartición del Estado, con muchos años de actividad, lo que le aseguraba una interesante jubilación y una vejez tranquila para ambos. Los dos hijos, aún jóvenes, eran profesionales en actividad, lo que no es siempre fácil de lograr; el futuro de ambos estaba asegurado. Ella, la occisa, no solamente realizaba su labor de ama de casa, sino que también hacía tareas que luego redundaban en aportes económicos para el hogar. Algunas veces manifestó a los vecinos que deseaba conseguir un trabajo estable, pero nadie la tomaba en serio, pues aparentemente nada les faltaba. ¿Acaso por algún secreto motivo buscaba su independencia económica? ¿Problemas con el marido… o desavenencias con los hijos aún solteros? Aparentemente nada quebraba la calma del hogar. Pero qué se oculta entre las cuatro paredes de una casa lo saben únicamente quienes conviven en ella. ¡Cuántos secretos pueden permanecer ocultos entre sus muros! ¡Cuántas desdichas se agitarán en la aparente tranquilidad! Y un día salen a luz para sorpresa de todos. O permanecen escondidos para siempre y se van junto a sus dueños, dejando atrás tan sólo preguntas. Gritos, insultos, mentiras, envidias, celos, egoísmo, vicios, traiciones, golpes, violaciones, incestos. ¡Mucho es lo que pueden ocultar las puertas que se cierran! Lo único cierto, la verdad irrebatible, es la tragedia de la tarde anterior. No hay explicaciones… tampoco habrá retorno. ………………………………………………………………………………………… Revive el drama basándose en lo que oyó, que no siempre se ajusta a la verdad. La hermana, que regresaba de la ciudad, se había detenido brevemente en la casa para saludarla y al no encontrar a nadie creyó que había salido, aunque no debería estar lejos ya que la puerta del fondo no estaba cerrada con llave. Lo mismo pensó un sobrino que estuvo un poco más tarde. El marido, que llegó minutos después de las diecisiete horas, al no encontrarla, preparó mate y fue hasta la casa de la cuñada, pensando que estaba ahí. Apenas cincuenta metros separaban ambas viviendas en un barrio poco poblado. Recién en ese momento comenzaron las dudas y la preocupación hizo presa en ellos. Recorrieron las casas de los vecinos que acostumbraba a frecuentar. Nada. Tampoco la habían visto después de mediodía, hora en que fue al almacén. Con la angustia aleteando en los pechos, se dirigieron a la casa. Pero por una extraña premonición, en lugar de entrar por la puerta abierta, se dirigieron al galpón donde se acumulaba todo aquello de uso poco frecuente. Estaba cerrado por dentro. Con un violento empellón el marido hizo saltar el pasador. Penetró acompañado por la cuñada. Un grito ahogado escapó de la garganta de ésta. Reaccionó de inmediato, giró y corrió hacia la cocina. Regresó de inmediato con un cuchillo y trepando ágilmente la escalera que había utilizado la suicida, cortó la piola, mientras gritaba: “Sostenela”. Recién entonces, el hombre que pareció salir de su sorpresa, habló: -No debiste hacer eso, la justicia no lo permite. -¡Al diablo con la justicia! ¿Sabes acaso si está muerta? Quizás recién se colgó… nunca se sabe… además es mi hermana y yo respondo por todo. Él nada contestó, pero era indudable que ya habían transcurrido varias horas. ……………………………………………………………………………………………. Algo interrumpe su pensamiento. Sin levantar la cabeza nota que todos se desvían hacia la derecha. Recién entonces mira hacia adelante. Una escalera está recostada a un panteón que tiene tres filas de nichos superpuestos. Posiblemente alguien estaba trepado en ella cuando apareció el cortejo y no tuvo tiempo de retirarla. ¡Y nadie quiere pasar por debajo! Por eso se desviaron. Pero él no es supersticioso. Nunca lo fue, no cree en esas patrañas y no hay razón para renunciar a sus principios por estar dentro de un cementerio. ¡No, esos temores no tienen cabida en su esquema de vida de hombre moderno y con sólida cultura! Continúa avanzando… tres… cuatro… cinco pasos. En el sexto pasa por debajo y sigue la marcha. Siente, allá, muy adentro, algo extraño, indefinido… pero no se detiene a analizar si es orgullo por mantener firmemente arraigadas sus convicciones o fue un miedo inusual, desconocido hasta entonces. ¡No, miedo no! No le teme a esas supercherías, fruto de la ignorancia. Giran a la derecha, avanzan una treintena de metros y quienes van delante se detienen. Esperan que se aproximen aquellos que vienen en la retaguardia. Recién entonces oye la voz de un sacerdote o de un pastor. Desde donde está no alcanza a verlo. Tampoco distingue lo que dice, la distancia no se lo permite. Mira el reloj con impaciencia. Juan Sosa
(Concluye en el próximo número)
3er. Concurso Internacional de Poesía y Cuento “30 Años del Diario HOY CANELONES”
-Podrán participar poetas y narradores del país y del extranjero. -Las obras deberán estar escritas en idioma español, ser inéditas y firmadas con seudónimo. -El tema será libre. Cada autor podrá presentar una sola obra: poesía o cuento. Con una extensión máxima de 50 versos (poesía) y de tres carillas (cuento). -Se enviarán por triplicado, escritas a máquina o computadora, a doble espacio, en hojas tamaño carta o A 4. -Junto con las obras se adjuntará un sobre más pequeño (plica) en cuyo anverso constará el seudónimo, el género y título de la obra. En su interior, una hoja con los datos personales: seudónimo, título de la obra, nombre y dirección, código postal, documento de identidad, teléfono fax o e-mail. -Se otorgarán tres Premios para cada género. Primer Premio: Plaqueta y Diploma. Segundo Premio: Medalla y Diploma. Tercer Premio: Medalla y Diploma. El Jurado podrá adjudicar hasta seis Menciones en cada género a las cuales se les otorgará Diplomas. -La Dirección del Diario designará el Jurado que deberá integrarse con tres personalidades de las letras uruguayas. -La fecha de cierre del Concurso se ha establecido para el 31 de mayo de 2011. El Jurado se expedirá en el mes de julio. -La entrega de Premios se hará en la ciudad de Canelones en fecha que se comunicará oportunamente. -Los trabajos deberán ser remitidos a: Concurso Literario Internacional “30 Años del Diario HOY CANELONES”, Tomás Berreta 207, 90.000 CANELONES, URUGUAY.
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