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NOS GUSTE O NO… PDF Imprimir E-Mail
martes, 23 de marzo de 2010
La Página Digital
NOS GUSTE O NO…

Ya habíamos marcado hace un par de semanas los costos que el mundo asume en presupuestos de Defensa (y Ataque diríamos también). Y como el tema de estas semanas es la nanotecnología, no hay dudas que otra aplicación de las nanomáquinas va a ser el uso bélico. Posiblemente en un futuro nadie ni se dé cuenta que esté ocurriendo una guerra a gran escala, puesto que toda la batalla se librará no con arsenal nuclear sino que con máquinas microscópicas. Podemos imaginarnos dejar caer sobre territorio enemigo millones de nanomáquinas, tan finas como el polvo y muy difíciles de detectar, y que desde que estas toquen suelo ya estén invadiendo.
Esta invasión podría ocurrir inicialmente con las nanomáquinas tomando materia prima del medio ambiente y con la ayuda de nanofábricas que viajan con ellas crear billones de nanomáquinas más. Todas estas nanomáquinas entonces se infiltrarían en territorio enemigo, comiendo, desactivando, trabando, destruyendo, y aniquilando todo a su paso, como una nube invisible que arrasa con todo.
Para visualizar esto imaginémonos un campo de soldados, todos alineados en filas, y atrás de ellos varias filas de tanques. Lo que vería un espectador es como por arte de magia la primera fila de soldados simplemente “se desmaya” en el suelo, después la segunda, la tercera, etc, hasta llegar a los tanques. Al llegar a los tanques la primera fila de estos simplemente tira unas cuantas chispas y se desactivan y dejan de moverse, lo mismo le ocurre a la segunda fila, la tercera, y así sucesivamente como por una manta misteriosa de muerte que los envuelve, y todo sin nosotros poder ver nada, pues las nanomáquinas son demasiados pequeñas para ser detectadas. Estas nanomáquinas no se cansarían hasta acabar con el enemigo.
Obviamente, si se encontraran con un enemigo lo suficientemente avanzado como para tener su propio ejército de nanomáquinas, haría que sus nanoartefactos enfrentaran a las del enemigo antes de ocasionar daños. En tal escenario podríamos visualizar como aún durante un día totalmente soleado, con aves volando por todas partes, y sin que notemos nada extraño, se pueda estar librando ahí mismo a nuestro alrededor una batalla a gran escala entre billones y billones de nanomáquinas, cuyo único objetivo es aniquilar tantas otras nanomáquinas puedan lo más rápido posible, casi hasta el infinito. Es posible que eventualmente mientras usan cualquier cosa a su camino para crear más nanomáquinas que los recursos naturales a su alrededor empiecen simplemente a “desaparecer en el aire” como arte de magia, hasta que no quede nada.
Este escenario puede poner a pensar a algunos lectores sobre la posibilidad de lo que sucedería si estas nanomáquinas empezaran a reproducirse infinitamente, y si por alguna razón el programa que las comanda a detener su reproducción, simplemente falla. Es claramente posible que nos enfrentemos entonces a la epidemia más grande no solo de la tierra, sino del universo, ya que el único propósito de tales organismos sería el de reproducirse utilizando cualquier medio necesario.
Esto nos debería poner a pensar desde ahora en poner límites, y crear tratados internacionales en cuanto al uso de arma basadas en la nanotecnología, pues a diferencia de bombas nucleares, en donde cuando menos existe la posibilidad de sobrevivir, con las nanomáquinas la supervivencia no es una opción, ni para los organismos sobre la tierra, ni para cualquier organismo vivo o no al alcance de tales “nanomáquinas sin control” en el universo.
Ahora, cambiando el tema a algo más positivo, hay una aplicación futura y totalmente asombrosa de las nanomáquinas, y es la idea de que tales nanomáquinas puedan utilizarse para que construyan cualquier cosa que nos podamos imaginar. Esta creación sucedería de dos formas diferentes. Por un lado manipulando la materia directamente (o hasta los propios átomos), y por el otro utilizándose ellas mismas como el material de construcción.
En el primer caso, una nanomáquina que puede “moldear” su medio ambiente a nuestro antojo literalmente se convertiría en un “Genio de la Lámpara de Aladino”, puesto que podríamos hacer lo que quisiéramos tan solo con desearlo. Inicialmente tendríamos que conseguir los “planos” o “instrucciones” o “receta” de lo que queremos, que podría hacerse por Internet. Después que tengamos tales instrucciones se las pasaríamos a nuestras nanomáquinas para que las fabriquen de cualquier material que le proveamos. Por ejemplo, si queremos una manzana, iríamos a nuestra base de datos de frutas, y conseguiríamos la “nanoreceta” para hacer una manzana. Esta receta se la daríamos a nuestras nanomáquinas, en conjunto con materia prima (como por ejemplo, basura), y entonces nuestras nanomáquinas empezarían a desensamblar los átomos de la basura y a ensamblar átomos que cuando estén todos combinados según la nanoreceta terminaríamos con una manzana perfecta, sabrosa, y jugosa. Es posible que hasta usted pueda especificar qué tipo de manzana quiere, su tamaño, color, etc.
De la misma manera, usted podría construir un diamante, un automóvil de los años 60, una computadora, una casa, o más nanomáquinas. Quién sabe, tal vez algún día cuando usted esté viendo su televisor tridimensional, literalmente podrá “sacar” con sus manos los objetos que vea en el entorno de la pantalla y hacerlos parte del mundo real. Lo que en realidad sucedería es que las nanomáquinas construirían lo que aparece en el televisor en ese momento, dando la impresión de que lo que usted agarra en ese momento siempre estuvo de verdad ahí y no fue tan solo una proyección tridimensional.
La segunda forma de creación sería una en la cual las nanomáquinas en sí mismo se unen unas con otras, como arañas agarradas de sus patas entre sí, para formar estructuras más complejas. De esta manera por ejemplo, usted puede estar viendo su programa favorito de televisión en una pantalla que en realidad está compuesta de nanomáquinas, y si usted decide que ahora quiere música, ¡la pantalla se transformaría en un equipo de sonido! De la misma manera su auto se puede transformar en una pared protectora a la hora de usted llegar a casa, su cepillo de dientes en su peine, sus bifocales en binoculares, y su piyama de dormir en su uniforme de trabajo.
Algunos se reirán, y yo también lo he hecho, pero lo cierto es que los primero experimentos de materiales que se “morfan” o transforman ya se han realizado, y al combinar estos en un futuro con nanomáquinas, las posibilidades son simplemente “mágicas”.
Notemos antes de decir que estas ideas son descabelladas, que si a usted le hubieran dicho hace 300 años atrás que un “aparato” iba a existir algún día que le iba permitir a usted ver y oír a personas de forma instantánea que estuvieran al otro lado del planeta, que usted posiblemente hubiera descartado tal comentario como algo de un lunático o espiritista, y que aún si fuera posible tardaría miles de años en desarrollarse. Sin embargo no solo tenemos al televisor hoy día, sino que es algo tan cotidiano que ni a la persona más ignorante que podamos encontrar en la calle le asombraría lo que hace.
Y para ponernos un poco más filosóficos, pensemos ahora en lo siguiente. ¿Qué sucedería en un mundo en donde pudiéramos conseguir lo que quisiéramos solo con desearlo? Para empezar, lo primero que de seguro el lector pensará es que ya lo material, desde los diamantes, hasta el oro, desde casas majestuosas, hasta autos exóticos, estaría al alcance de la imaginación. Lo que todavía sería importante del mundo material sería la cantidad de “materia prima” o “átomos” que tengamos a nuestra disposición.
Obviamente tal escenario inicialmente sería caótico y por tanto no recomendable que tales máquinas se distribuyan a toda la humanidad en un abrir y cerrar de ojos. Pero aun si tardamos siglos en adaptar a la humanidad, y tal cambio ocurre al 100%, lo cierto es que al final de tal cambio, todos los humanos de entonces (posiblemente ya seremos mentes virtuales) tendríamos ahora vidas totalmente diferentes. Ahora en vez de trabajar en una oficina todo el día, nos la pasaríamos en un entorno virtual, tan real como el real (valga la redundancia), utilizando nuestro tiempo libre para crear nuevas formas de arte, música, y aprendiendo cosas nuevas todo el tiempo y dedicando más tiempo a nuestras familias y parejas, y a ser felices ante todo. Pero, ¿será tan así?
Si este cambio ocurriera hoy, con las mentes de hoy, lo cierto es que tal escenario utópico posiblemente nunca llegue a llevarse a cabo exitosamente, pues posiblemente varias entidades fundamentalistas utilizarían tal tecnología para destruir a quienes no están de acuerdo con sus ideas, y muchos se suicidarían al cansarse de tenerlo todo en la vida. Es por esto que hay autores que predicen que muy posiblemente, y como ha ocurrido a través de la toda la evolución, tal “máquina de los deseos” posiblemente va a ser desarrollada en conjunto con una nueva forma de humanidad más adaptada a los problemas que hoy padecemos en nuestro planeta, como por ejemplo, las guerras por motivos religiosos. Estamos lejos, ya sé, pero ¿quién se anima a decir cuánto?.
 
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