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martes, 16 de marzo de 2010 |
La Página Digital VIAJE FANTÁSTICO
Una de las películas que más me llamó la atención desde mi infancia se llamaba “Viaje Fantástico”. La vi por vez primera en el Cine Rodó, y durante todos estos años la he visto proyectarse en reiteradas ocasiones en distintas señales televisivas. Consistía en introducir un submarino con varios científicos en el cuerpo de una persona cuya vida era imperioso salvar. Obviamente que el submarino era miniaturizado mediante una máquina, y eso se inyectaba al organismo. Allí dentro sufrían toda clase de peripecias que no voy a contar por si miran la película en algún momento. Años más tarde, a fines de los '70 me llegó un hermoso libro de Isaac Asimov titulado “El electrón es zurdo y otros ensayos”. Entre otras cosas cuenta que él fue contratado como consultor para dicha película. Y explicaba la imposibilidad de que muchas de las cosas que ocurrían en la misma fueran físicamente posibles. En esa especie de “mea culpa” nos dice que tuvo que dejar de lado muchas leyes científicas porque si no la película era imposible de realizar. Pero si nos siguen en lo que venimos tratando las semanas anteriores, verán que no es tan imposible introducir pequeños artefactos en el cuerpo que se encarguen de ir analizando todo lo que pasa. Y cuando decimos pequeños, lo estamos diciendo en el más profundo sentido de la palabra. Estas nanomáquinas (tal es su nombre y ya lo explicamos) del cuerpo pueden mandar constantemente su estado y el de los sistemas vitales a una computadora externa, o a un implante cerebral cibernético, de tal manera que el portador de ellas (o el médico del paciente), siempre pueda saber el estado de su cuerpo. Es posiblemente obvio que esta información esté disponible a través de Internet, de modo que a cualquier hora podamos saber desde cualquier parte del mundo el estado de salud de nuestros familiares cercanos. Es hasta posible que todas estas nanomáquinas medicinales se puedan reportar a una base de datos global que sirva para monitorear estadísticas y tendencias globales de salud, de tal manera que si un nuevo virus surge en cualquier lugar del mundo este puede ser erradicado al 100% en muy poco tiempo. Imaginémonos que hubiera sucedido con el virus HIV causador del SIDA si tal tecnología hubiese existido entonces. Ni siquiera lo hubiésemos notado porque se hubiera cortado de raíz. Sin embargo, tal tecnología también podría usarse para asuntos cuestionables, como por ejemplo por compañías aseguradoras de vidas. Es posible que en un futuro usted no pueda obtener un seguro de vida si no acepta primero que la compañía aseguradora inserte una nanomáquina en su organismo para monitorear su estado y mantenerlo vivo durante el mayor tiempo posible. Muchas personas dirán que sería una invasión a la privacidad, y lo cierto es que bajo ciertas circunstancias lo es. Por ejemplo, qué sucedería en el momento de buscar un empleo?, ¿le negarían a usted un trabajo al saber que su estado de salud no es “óptimo” después de haber chequeado con su compañía aseguradora de vida? Estas preguntas son temas que se nos avecinan más rápidamente que el tiempo que nuestros gobiernos tienen para resolverlos con legislación adecuada, y con la globalización que se avecina los problemas generados por este tipo de problemas van a crecer de forma exponencial. Pero si la privacidad es un problema, ¿que tal el espionaje? Quizás sea posible en un futuro que usted sea portador de una nanomáquina que esté transmitiendo todo lo que usted hace continuamente, sin usted ni siquiera sospecharlo. Es posible que tal nanomáquina sea programada a distancia para hacer que fabrique químicos dentro de su cuerpo que tengan una reacción controlada en su cerebro, como por ejemplo para hacerlo tartamudear durante una conferencia importante, hacerle olvidar datos importantes, o hasta causarle un paro cardíaco. Obviamente, para ese entonces las agencias de inteligencia del mundo tendrán divisiones “antinanomáquinas”, cuya misión será crear nanomáquinas que vivan en su cuerpo protegiéndolo contra otras nanomáquinas. Y por supuesto, entonces tendremos anti-anti-nanomáquinas, y así sucesivamente. La cosa es que eventualmente habrá poca diferencia entre un virus informático, un virus biológico, y una nanomáquina de este tipo. Y que nadie piense que estoy delirando mucho. Cualquiera que tenga una simple noción de los avances de la ciencia, sabe que todo esto está mucho más cerca de lo que parece. Obviamente, de la misma manera que introduciremos máquinas en el cuerpo humano de esa misma manera lo haremos en los edificios públicos y privados, parques, centros de recreo, y hasta en los bosques que aparenten mantenerse totalmente vírgenes de la mano del hombre. Es aquí entonces donde los fanáticos de complots gubernamentales tendrán mucho de que hablar, ¿quién controlará a tales nanomáquinas, y para qué se las utilizará? Si empezamos a desplegarlas en las calles para controlar el crimen, ¿cómo sabemos que las entidades que las controlan (y las entidades que controlan a esas entidades) no las están usando para otros fines (como el control de la sociedad, la opinión pública, etc)? El lector se preguntaría, aunque no sea muy rebuscado, cómo podría una entidad utilizar nanomáquinas para controlar la opinión pública, y veamos aquí un ejemplo extremo. Imaginémonos que alguien descubrió que una empresa gigantesca ha sido practicante de prácticas monopólicas. Es posible que si esa empresa tiene inversionistas reuniéndose en un pueblo donde está fundada la empresa, y que hoy mismo van a firmar un importante contrato, que ésta controle el ambiente a su alrededor para que estos nunca sepan la noticia desacreditadora. Por ejemplo, suponiendo que en tal entonces todavía se venden periódicos, un grupo de nanomáquinas podría ser programada para que en el momento que uno de los inversionistas compre un periódico (que contiene la mala noticia) estas nanomáquinas formen microestructuras en formas de letras que efectivamente cambien por completo lo que dice el artículo original. Y si alguien llama por un intercomunicador de larga distancia, tales nanomáquinas pueden cortar la comunicación y hacer creer que hay problemas de interferencias electrostáticas. Y todo esto se repetiría durante todo el día, con las circunstancias más descabelladas que podamos imaginar, hasta que los inversionistas firmen el contrato. Tenemos que admitir que este ejemplo es un poco extremo, pero como la historia nos ha enseñado una y otra vez, todo lo que podemos imaginar hoy será posible hacerlo realidad mañana. Ya sé que estoy generando un montón de ideas para películas que compitan con Avatar o alguna otra, y seguramente no voy a cobrar nada por ello. Pero tengo derecho a imaginarme el futuro, no? Donde alguna de estas cosas se cumplan en los próximos años, me voy a dar el lujo de decir “...¿vieron? Yo se los dije!...”
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