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V I N O Y V E N D I M I A |
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jueves, 11 de marzo de 2010 |
La Página Literaria VINO Y VENDIMIA
Exaltación de la Vendimia
Fiesta de la vendimia. Sonrisas… Canciones… Siempre pagó el Trabajo, en oro, su jornal. ¡Brindemos con los vinos añejos de reserva Por la cosecha nueva que hierve en el lagar!...
Brindemos por los dioses que tiene la Vendimia: Por el griego Dionisos, olímpico y jovial; Por el Baco romano –que pámpanos coronan- Y por el rubio Febo que estructuró Jehová!....
Vendimiador, cantando recoge los racimos, -porque el racimo tiene forma de corazón- Y es la promesa cierta de un buen vaso de vino… Trabaja con cuidado… ¡Canta, Vendimiador!
Tonel de las Danaides, las prensas insaciables, Trituran por millones, las burbujas de sol… Que habrán de ser mañana –perfume y transparencia- Deleite de los labios; de la bodega, honor…
La brisa se satura de fragancias antiguas, Mientras los ejes cuentan, chirriando, su labor… Las granjas coquetean, con sus trajes de fiesta Y está en todos los labios la flor de una canción…
Que eleven las muchachas las canciones rituales: Al “tinto” las morochas; las rubias al “champagne”. Y luego, todas juntas, conjugarán en coro El presente y futuro del infinito amar.
Bienvenidos los mostos que perfuman Otoño Y arrebolan los rostros con la felicidad; Con las rosas divinas que hacen arder la sangre Porque por todo un año, ya está seguro el pan…
Eudoro Melo
Loa a la Vendimia
Es tu día, viñador, Ve tu obra: El trabajo florece en sabrosas preseas; Los dones de natura Se ofrecen a tu mano.
Acércate, Es tu día, viñador. Los sarmientos cargados de frutos olorosos Sahumerian ya los aires. Rayos de oro ardiente Revientan de la entraña Radiante de los días Y por las sendas del campo Ya vienen las muchachas y los muchachos cantando. Sus voces florecen como un himno al trabajo. Metálicas aves se agitarán en torno Y se llenará el ámbito de risas y alborozo.
Pronto estarán los cestos Repletos y fragantes. El sol estará mirando desde su augusto domo. Él sabe que es esencia de su propia esencia Esa sangre frutal que fluye Del manantial de su energía.
Pronto, viñador, los lagares hambrientos Recibirán el trofeo de sazonadas carnes Y será el milagro por siempre renovado: La vida trastocada en sus formas diferentes.
Ayer, menudo germen, Luego el verdor de juveniles días Y la lujuria agreste de soles calcinantes. Después, La plenitud de horas maduradas Y el generoso darse sin buscar recompensa.
Por eso, viñador, es noble tu tarea, Sembraste con tu esfuerzo la fértil esperanza Que hoy aroma tu mano. ¿Sabes tú que ese labrador En pródigas jornadas Es un símbolo en el mundo?
¿Sabes? Hubo una vez un justo que también se dio entero Y la sangre de tu viña Es emblema de su sangre.
Desde entonces, Traspasando los siglos, Ha desbordado los tiempos Como río imperioso De amor y de justicia.
Por eso Leemos tus afanes, Viñador laborioso. Y que el zumo precioso Esté en todas las copas, Esté en todos los brindis, Esté en todos los labios Que auguren la justicia, Que proclamen la paz Para todos los pueblos, Para todos los seres, Para todos los tiempos.
Flor Rey
Canto al Vino
Supe de tus bondades junto del plato humeante En la casona, alegre de trinos, solariega, Pilar inconmovible de cosas familiares, Tus rubíes cantaban en las copas abuelas.
Después, fue la bohemia trashumante del arte, El amor, el misterio, los sueños, la poesía; Santificaste fechas, rubricaste ideales, Obstinado y valiente compañero en la vida.
Y así fuiste el más fiel de los amigos, siento Que hay que saber quererte, gustarte, valorarte. ¡Cuántos soles dormidos sin pensarlo despierto En el oro que fluye de la vid a mi sangre!
¡Ay de aquéllos que ignoran que todo en la existencia Requiere un equilibrio, una sabia medida Y sólo encuentran sombras donde yo bebo estrellas Y pierden en inútiles embriagueces la vida!
Y hoy, maduro de sueños que crecen como espigas -el tiempo es una estrella tras de la cual giramos- Me interno en tus caminos hacia tu roja herida Y apreso sus fulgores llevándote a mis labios.
Que canten tus rubíes como en la solariega Estancia, mientras vuelvo, impenitente y ávido, A tus vergeles donde la dicha se renueva, Mi corazón sonríe y se aquieta, ensoñando… Gerardo Molina
La Vendimia Los orígenes del cultivo de la vid son tan remotos que se confunden con los comienzos mismos de la historia del hombre. En el antiguo Egipto, hace millares de años, se usaban para la recolección de la uva procedimientos muy similares a los que utilizaron los viticultores italianos, franceses y españoles. En Grecia y Roma, durante el apogeo del paganismo, organizábanse al llegar la época de la vendimia celebraciones de carácter popular, con las cuales se rendía culto a los dioses tutelares de la vid, Baco y Ampelo, y que más tarde fuéronse haciendo extensivos a Sileno y a Pan. En los extensos dominios del Imperio Romano, la cosecha y la pisa de uva daban comienzo el día de la Vinalia (fiesta ritual del vino), ofreciéndose públicamente a Júpiter y a su esposa Juno las primicias de la apetitosa fruta, para que los supremos dioses del Olimpo, satisfechos por aquella acción de gracias, continuaran protegiendo la tierra y manteniéndola dadivosa y fértil. Con el advenimiento del Cristianismo, fueron perdiendo prestigio y vigencia las antiguas festividades con que se celebraba la recolección de la uva; pero la vid siguió siendo para los agricultores algo así como el símbolo de la alegría y de la buena suerte, y la vendimia mantuvo intacta su hermosa tradición de fiesta popular, jocunda y optimista. Entre nosotros se celebra anualmente, desde 1943, la fiesta de la vendimia. En las distintas zonas del sur del país, fórmanse comités locales que eligen a sus representantes para participar en el concurso que se efectúa en la ciudad de Las Piedras, y en el cual se proclama la reina de la fiesta. A este acto suceden los de la coronación y el desfile. Todas las participantes de zona forman cortejo a la reina y a los dos vice-reinas que encabezan el desfile. Las muchachas viñadoras de Pando, Toledo, Manga, Sauce, Melilla, Canelón Chico, Suárez, El Colorado, Peñarol Viejo, Colón, Sayago, etc. fraternizan en las carrozas profusamente adornadas. Opulentos racimos donde la luz destella, y pámpanos de tierno y delicado verdor, ornan las testas juveniles de las competidoras. Se canta, se ríe, se ofrendan uvas al público y se brinda con vino generoso por la paz y el trabajo, por la felicidad de los viticultores, por el éxito de las futuras cosechas. Esta espléndida fiesta ha sido realzada por certámenes poéticos en los cuales se ha exaltado la armoniosa belleza de la uva, su prestigio milenario, su telúrica fuerza de atracción. Y, sobre todo, el intenso goce que proporciona al hombre la vendimia, celebrada a través de los tiempos por distintas razas y en distintas formas, pero siempre con un mismo e invariable propósito: el de consubstanciar cada vez más hondamente al hombre con la tierra.
Serafín J. García |
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