Y no sólo en los libros queda la cosa. Soy de los que sostiene que los documentos en papel poco a poco van a ir desapareciendo, por más nostalgia que eso nos cause. Y las ventajas son muchas: es más rápido, nadie tienen que traerme ni llevar los papeles, ocupa la milésima parte del espacio, y menos también. Pero lo más ecológico de todo, es que no será necesaria la tala de tantos árboles y el posterior procesamiento de su madera. Puede tener algunos inconvenientes, pero hasta ahora no hay ninguno que me haga desistir de la idea de que el futuro es casi sin papeles.
Y por suerte, en los correos electrónico empezó a aparecer una frase que me está ayudando a cambiar mis hábitos. En mi caso, y seguramente como le pasa a muchos, tengo la costumbre de imprimir algunos de los correos que me llega. No sé, por las dudas, vió? Por las dudas que se me borren de la computadora será, aunque ya es hora de que me dé cuenta que es más fácil perder un papel que un archivo en la máquina. Tal cual. ¿Qué dice el mensaje? Algo así como: "...¿es necesario que realmente imprima el contenido de este correo? Cuidemos los árboles..."
Es sencillito, pero lo suficientemente efectivo como para lograr su objetivo. Por lo menos conmigo ha tenido suerte. Y a la larga, tal vez me pueda sentar a tomar mate a la sombra de ese árbol que no se cortó gracias a todo el papel que ahorré. ¿Por qué no?
Y esa pequeña propuesta, que hace un ahorro de papel tipo hormiga, multiplicada por los millones de personas que reciben correos electrónicos diariamente, se convierte en bosques enteros que se salvan del hacha. Pero sin duda el gran proyecto son las Bibliotecas digitales.
La puesta online (a disposición en Internet) de bibliotecas y patrimonio cultural impreso de diversas instituciones, es una de las actividades que últimamente está teniendo más apoyo y difusión en la Red.
Hace poco, la noticia de que la Universidad de Yale estaba comenzando a llevar adelante su proyecto de digitalización de ejemplares, también difundió la particular tecnología que estaba utilizando para lograr su objetivo: para quien alguna vez haya escaneado la página de un libro, debe saber lo difícil que resulta mantener el libro derecho por su peso, hacer que la página obtenida tenga el formato adecuado para su transmisión, etc. Imaginemos lo que puede llegar a ser eso, cuando involucra miles de ejemplares de una biblioteca. Mediante el APT BookScan, esta Universidad parece haber resuelto el problema, pues se trata del scanner de libros más rápido del mundo y su nivel de efectividad asombra: apenas escanea una página en forma errónea cada cien mil bien logradas, haciendo más liviano el trabajo de volcado a formato digital del contenido impreso, al mismo tiempo que obtiene óptimos resultados finales.
Hace aproximadamente un año también está iniciando su proceso de digitalización la Biblioteca Británica, que pondrá a disposición de los internautas más de cien mil libros antiguos, la mayoría textos del siglo XIX que no han vuelto a ser impresos desde su primera publicación.JOSÉ ALFREDO FERNÁNDEZ SANDE
Kristian Jensen, de la Biblioteca Británica, manifestó acerca de estos libros que no se consiguen tan fácilmente, y que como hemos oído tantas veces, "si no hay ediciones modernas, los profesores no pueden utilizarlos para sus clases". Si en el sistema educativo sólo se transmite lo que se ha conservado hasta nuestros días en buen estado, y además lo que estamos enseñando y aprendiendo depende de la calidad de impresión y del estado de los ejemplares fuente que se utilizan para las clases. Si encima cuando son fuentes secundarias, pueden dejar por fuera datos y aspectos que a los docentes serían útiles, estamos ante un problema que a la larga puede ser serio. Mucho material importante se deja de lado por su dificultad de acceso (aquí en Uruguay, en la Biblioteca Nacional, hay sectores de acceso restringido sólo para investigadores por el estado de fragilidad del material), y sobre todo son los alumnos los que deben gestionar mediante diversos trámites de acreditación la posibilidad de encontrarse frente a frente con publicaciones antiguas.
Pero en este caso, las leyes del copyright también se hacen extensivos a la red: solamente serán digitalizados los volúmenes que estén libres de derechos de autor, es decir, aquellos cuyos autores hayan fallecido antes de 1938 o algo por el estilo. Empresas como Microsoft y Google están involucradas en estos proyectos de digitalización, trabajando con diversas bibliotecas. Mientras la Universidad de Yale y la Biblioteca Británica trabajan con Microsoft, Google se está encargando de las tareas pertinentes con las universidades de Stanford, Michigan y Harvard, entre otras.
Una vez puestos en línea los ejemplares, se podrá consultar su disponibilidad mediante programas como el Live Search Books de Microsoft, la base de datos Googlebooks para bibliotecas, o los sitios de cada institución en particular que participa de cada proyecto.
Y aunque todo esto parezca muy de primer mundo, les contamos que nuestra Biblioteca Nacional está dejando de ser sólo montevideana, porque se están llevando adelante proyectos para poner a disposición de todos, desde cualquier lugar del país y del mundo, el acceso a libros y documentos de muy difícil manipulación. Doy un solo ejemplo: hacer poco más de un año llegaron a mi poder dos discos compactos (2 CD) que cualquiera sabe cuanto pesan y el poco espacio que ocupan. ¿De que se trataba? De una edición de los 34 volúmenes completos de la Biblioteca Artigas, con todos los documentos referidos a nuestro máximo prócer. A ver si se entiende: los 34 libros contenidos en dos discos que perfectamente caben escondidos en la contratapa de uno solo de ellos. Y no sólo es un tema de peso y ahorro de papel y espacio: buscar algún texto en su interior es casi instantáneo. ¿Cómo no quieren que sea optimista con el libro electrónico?
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