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La página digital - por Alfredo Fernández
TCPA PDF Imprimir E-Mail
sábado, 23 de febrero de 2008

TCPA

Quédense tranquilo que no se trata de un nuevo impuesto, ni de un tratado comercial con Afganistán, ni nada que se le parezca. Aunque tal vez algún parecido tenga, ya que se trata de medidas que pueden afectarnos a todos en cualquier momento, disminuyendo incluso nuestra calidad de vida. Así como lo oyen: ciertas decisiones que tomen los grandes de la informática pueden complicarnos un poco la vida y limitarnos las libertades.

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NADIE ESTÁ LIBRE PDF Imprimir E-Mail
sábado, 16 de febrero de 2008

NADIE ESTÁ LIBRE

Por más que nos esforcemos, los duendes informáticos andan sueltos, y la semana pasada, por algún motivo mágico-digital, el archivo que envío por correo electrónico para que el diario publique se perdió en el ciberespacio. El tema es que yo lo envié el miércoles, y como no utilicé ninguna computadora hasta el sábado, no pude enterarme que el archivo no había sido entregado en tiempo y forma. Espero no haber sido víctima de ningún ciberdelincuente, y dejémoslo sólo como una travesura electrónica. Porque de malandros está lleno el mundo, y la red no va a ser la excepción. Si no, recordemos esta noticia de hace algún tiempo:
La Policía detiene a un grupo de estafadores internacionales especializados en el fraude de subastas por Internet.

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Más allá de la publicidad PDF Imprimir E-Mail
sábado, 09 de febrero de 2008

Más allá de la publicidad

Resulta bastante obvio que si nuestra misión fuera vender computadoras, sistemas informáticos, programas (software), etc., hablaríamos loas de estos aparatos con tal de convencer a nuestros clientes. La veracidad de las afirmaciones que pudiéramos hacer, muchas veces está en relación inversa a nuestro nivel de inescrupulosidad. Pero eso no es exclusividad del ámbito informático, sino que ocurre en todo el comercio, de todo tipo de productos, y a todo nivel. Y como los paisanos, los de afuera, los de campaña, solemos ser un poco desconfiados, que venga un señor de saco y corbata con un portafolio a tratar de vendernos una maquinitas que nos van a solucionar la vida...

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Privados de la libertad PDF Imprimir E-Mail
sábado, 02 de febrero de 2008

Privados de la libertad

Los cronistas policiales manejan una jerga a la que uno se acostumbra a medida que ve cómo se reiteran esos lugares comunes en las noticias. “Por cuestiones del momento”, “aprovechando un descuido”, “hábil declarante”, etc. Y cuando quieren decir de una forma un poco más sutil que alguien está preso, largan un “se encuentra privado de la libertad”. ¿Nos tendremos que sentir medio presos de la tecnología, al ver que nuestras libertades se encuentran por lo menos “observadas”?

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Pagina digital PDF Imprimir E-Mail
viernes, 25 de enero de 2008

VIDENTE

No creo serlo, y por si fuera poco, no creo en ellos. Y me molesta cuando alguno sale a hablar de las cosas que predijo y finalmente ocurrieron, ya que por lo general se olvidan del 90% de aquellas en las que fracasan estrepitosamente. Es una cuestión de probabilidad. Si yo tiro ahora 100 predicciones para este año, es probable que en alguna le emboque. Es más, sería increíble si le errara en todas. Por ejemplo, afirmo que en 2008: va a fallecer el presidente de algún país latinoamericano, en Medio Oriente se va a producir un terremoto que costará cientos de vidas, se va a descubrir una vacuna para una de las enfermedades que más preocupan a la humanidad, un deportista uruguayo logrará un campeonato mundial, y así hasta llegar a 100 de estas sentencias. Pero si actúo con honestidad intelectual, cuando culmine el año tendría que hacer un balance de TODO lo que se dijo. Por lo general, los “iluminados” sólo se van a acordar de aquellas que resultaron parcial o totalmente ciertas. Y eso es deshonesto. Yo los llamo sencillamente CHANTAS.

Si tienen dudas de lo que digo, hagan ustedes mismos una lista de predicciones con no menos de diez sentencias. Se van a asombrar, siempre que no sean excesivamente descabelladas, de la cantidad de aciertos que tienen. Y eso no los transforma en videntes o adivinos. Simplemente se cumple la ley de las probabilidades. ¿O conocen algún vidente que aunque sea UNA VEZ al año saque la lotería y se vuelva millonario? No pido que acierte todas las semanas, ni una vez por mes. Con una vez al año me alcanza. Si lo conocen, avisen, y le compramos los datos...

Ya sé, ya sé. A esta altura se estarán preguntando a dónde quiero llegar con todo esto en una página que se supone que trata temas de tecnología digital. Por suerte, cualquier vecina que lea estos artículos sabe que muchas veces la introducción es para meternos en el tema por una vía lateral, evitando la habitual frialdad de las noticias técnicas. Pero resulta que hace unos días leía en la prensa un titular (y lo vi en más de un lugar) en el que aparecía la Ministra de Interior con el apodo de “Gran Hermana”, en referencia a unos sistemas de vigilancia en lugares públicos que se piensan implementar en nuestro país. Más allá de las consideraciones éticas y morales, que desarrollaremos más adelante, les recuerdo que en estas páginas ya habíamos tratado esos temas, y cómo se estaban llevando a cabo en otros países. Y eso fue tres o cuatro años atrás por lo menos. Lo que no me transforma en un vidente, sino simplemente en alguien que tiene acceso a determinada información, y tan sólo por eso parece estar más adelantado que el resto. Pero es sólo una ilusión.

Y les decía que hace ya unos años habíamos tocado el tema de la vigilancia electrónica, a la que somos sometidos diariamente más o menos sin darnos cuenta. Si agregamos cámaras de video en plazas, paseos, terminales de transporte, etc. la cosa ya entra a “casi” invadir la privacidad. Pero la pregunta central es: ¿tenemos derecho a reclamar privacidad en lugares públicos?

Pongo un ejemplo reciente, y que creo que aún no ha llegado a nuestro país. Hace un par de meses hice un viaje por trabajo a la Provincia de Buenos Aires, y en la terminal de ómnibus (como si acá fuera en Tres Cruces), me pedían el número de documento. Cuando me imprimen el pasaje, aparece ese dato, y además aclaran que se debe a una determinada ley. Más allá de que tuvieron problemas para introducir el número de un documento uruguayo, seguramente quedé registrado en algún sistema de seguimiento de personas. Y no es que sea mal pensado.

 En este mundo mediático que nos ha tocado vivir (¿sufrir?), hay gente que trabaja en el límite de la ley con tal de satisfacer los deseos y curiosidad de los demás. Un caso concreto son los papparazzi. ¿Hasta dónde tienen derecho de fotografiar a alguien que está tomando sol en el fondo de su casa? Ni hablemos de la vinculación con hechos más lamentables (muerte de Lady Di, problemas varios con Maradona y otros famosos, etc.) No estoy tratando de cercenar el derecho a la libertad de expresión. ¿Pero dónde queda aquello de que la libertad de los demás termina donde comienza la mía?

 Y ojo, que los pobres tipos son en realidad semi-suicidas que tratan de ganarse un mango arriesgando su seguridad para obtener “La foto”. Estamos acostumbrados (lo que no es bueno) a ver cómo son agredidos por los guardias de seguridad, y a veces por sus propios perseguidos. Molestan, porque son demasiado visibles.

 Pero hay otras formas de enterarse de lo que hacemos supuestamente en forma privada, y que a veces es utilizado para aprovecharse de nosotros. Por ejemplo, hace algunos años vino un vendedor que sabía que yo había realizado determinadas compras con mi tarjeta de crédito. ¿Quién le brindó esa información? Porque si bien sus intenciones no eran malas (trataba de venderme un producto similar), no todo el mundo tiene porqué obrar así. Y esa es sólo una punta de la madeja.

 Otra vez fuimos a un comercio que gira en el ramo de la vestimenta (nada demasiado tecnológico), y decidimos pagar con tarjeta. Al indicarle nuestro número de cédula de identidad a la vendedora, esta obtuvo en la pantalla de su computadora (conectada vaya a saber uno a qué base de datos) toda la información personal que uno pueda imaginarse: nombre, dirección, teléfono, e-mail, etc. ¿Estamos siendo tan vigilados? La respuesta es simple: SI. Y las computadoras han hecho todo mucho más fácil. Por lo tanto, aprendamos algunas formas de prevenir. Y vamos a comenzar por hoy con una definición que circula por ahí, y que define a este estado de cosas como: 

 

Surveillance Society (Sociedad de la Vigilancia, Sociedad Vigilada) Sociedad en la que la actividad pública y privada de las personas está sujeta a variados métodos de vigilancia (legales, ilegales, públicos o privados), en gran medida a través del uso de la Informática y de las Telecomunicaciones. Va desde la recogida y digitalización indiscriminada de muestras de ADN a las bases de datos de marketing y desde las cámaras de video situadas en los más variados lugares, pasando por los más sofisticados sistemas de satélites. La semana próxima daremos algunos ejemplos de ello.

Como verán, mientras nos movemos ingenuamente, alguien nos vigila. Así que cada vez que andemos por ahí, no es necesario que nos volvamos paranoicos, y estemos constantemente mirando por sobre el hombro a ver si nos vigilan. Sobre todo, porque los métodos son tan sutiles que ni cuenta nos vamos a dar. Alcanza con que alguien tenga acceso a unas cuantas bases de datos para saber de nuestros pasos digitando únicamente nuestro número de cédula: qué compramos y dónde, en qué hotel nos hospedamos, por qué empresa viajamos, en qué cajero retiramos dinero. Asusta un poco, no? Y al decir “un poco” me parece que me quedo corto.

JOSÉ ALFREDO FERNÁNDEZ SANDE

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